Pedro Antonio González
(1863 - 1903)
El tiempo suele ser ingrato, suele no recordar y simplemente olvida...Hace más de 100 años que un poeta dejó huella en la literatura chilena, estoy hablando y recordando a Pedro Antonio González, poeta Chileno, nacido en un día como hoy, en la VII Región del Maule, muchos lo desconocen, pocos sabemos de él...Coincidí con sus letras el año pasado, en un libro que para mí es valioso, una herencia apolillada, casi por hacerse polvo, pero realmente un libro valioso "Los mejores poemas de Pedro Antonio González", una colección de poemas realizada después de su muerte, la verdad es que intenté rescatar una versión nueva en algunas librerías de mi ciudad pero la búsqueda fue en vano, en muchos lugares ni siquiera sabían de él, y creo que es lamentable para nuestra literatura no destacar a poetas como él, si bien no se reconoció en vida, pues creo que no está demás recordarlo y reconocer su poesía después de su muerte, ya que el olvidado Pedro Antonio González nos ha dejado un legado a la altura de nuestros famosos poetas Gabriela Mistral y Pablo Neruda, para mí Pedro Antonio González es el padre de la Poesía Chilena.
Hoy aparte de recordarlo, quiero ser una lectora más que valora la literatura chilena, por esta razón dedico esta entrada para que todo aquél que pase por este sitio sepa que existió este poeta y decir que antes del movimiento de los poetas malditos él ya lo era, un claro ejemplo de la vida bohemia, de la vida dedicada al arte, en este caso la literatura, a la que dedico su vida entera, hasta perderse...hasta llegar a ser un verdadero poeta maldito, murió a los cuarenta años casi en soledad en la sala de un hospital, solía tener su espacio, solía escribir en los bares y dejar sus escritos tirados, para que luego sus amigos más cercanos reunieran los escritos y llevarán a cabo después de su muerte una colección de sus mejores versos...Pedro Antonio González es un hombre que vivió en la literatura, que acarició cada verso lastimero, que exprimió cada momento de su vida en letras que rozan el sentimiento de cada lector, versos que son imposible no admirar, y para los que gustan de la lectura lírica versos que no se pueden dejar de leer.
Un verdadero poeta, su vida fue eso...simplemente poesía. Es claro ver y sentir en cada uno de sus versos que este poeta habitó en este mundo pero también cruzo al otro lado, también vivió en ese lugar al que sólo llegan los genios. Nos dejó esa poesía que significa nada para tantos, y tanto para pocos...Creo que así fue su vida, sin rutinas, el día a día, la belleza y agonía del instante, el sentimiento que se esparce en versos en cada respiro, el detalle que este hombre atrapo y que lo convirtió en arte. Él es un ejemplo de inspiración para todos los soñadores, para continuar, para no desistir, porque después de todo el arte es belleza en este imperfecto mundo...y muchas veces los olvidados aportan versos hasta hoy en día...y siguen siendo la inspiración que aún después de muertos aún respira...
Les dejo un hermoso poema titulado Arte de Pedro Antonio González.
I
Oh joven! Tú que sientes
El ansia eterna de un afán profundo,
Habla; toma el buril; pulsa la lira.
Da paso a los relámpagos potentes
Que iluminan el mundo
Que en lo infinito de tu mente gira.
II
Asómate al abismo
De tu ser, conmovido y agitado
Bajo la gran mirada de Dios mismo.
Ese mundo sin nombre,
Es un mundo que Dios te ha revelado.
Es tiempo ya de que a la cumbre vueles.
Es tiempo ya de que también tú al hombre
Ese mundo gigante le reveles!
III
Quizás, desconocido peregrino,
La planta errante, la mirada incierta;
Sin pan, sin tener donde
Doblar la frente fatigada y mustia,
Prosigues en silencio tu camino,
Sin llamar nunca ante ninguna puerta,
Porque nadie responde
Al triste acento de tu amarga angustia.
IV
Acaso los imbéciles que eleva
La arbitraria fortuna,
Cruzan, ¡ay! Junto a ti sin que conmueva
La inmensidad de tu dolor sombrío
Con emoción alguna
Su miserable corazón vacío.
V
Habla; toma el buril; pulsa la lira.
Ahoga en ti la queja
Con que tu ardiente corazón suspira.
Deja en la Tierra para siempre escrito,
Fijo en la Tierra para siempre deja
Tu ideal infinito.
Sea tu voz la voz del sacerdote;
Tu dogma el ideal; tu culto el arte.
El resplandor de Dios de tu alma brote.
Si el mundo no te escucha desde luego,
Al fin acabará por escucharte:
Tu ideal es de fuego.
VI
Tú tienes las alas poderosas
Del águila atrevida,
Sondea el grande abismo de las cosas,
Sondea el grande abismo de la vida.
No es posible que calles
La gran misión para que Dios te nombra.
No es posible que sueñes y batalles
A solas en la sombra.
VII
Mezcla tu voz potente y soberana
Al cántico magnífico y risueño
Que ante Dios, que lo escucha,
Alza el ave a la luz de la mañana,
La casta virgen al primer ensueño,
Y al porvenir la humanidad que lucha.
VIII
Habla; toma el buril; pulsa la lira.
No importa que con burla te responda
La turba vil de imbéciles que gira
Sin que tras su envoltorio de materia,
-que arrastra apenas,-otra cosa esconda
Que el hálito del fango y la miseria.
IX
Rompe tu cárcel. La mirada espacia
Sin miedo, sin desmayo.
Surca la luz con la potente audacia
Del águila caudal que rauda sube
A despertar el formidable rayo
Que duerme en las entrañas de la nube.
No es tu patria la Tierra.
Es tu espléndida patria cada mundo
Que en sus eternos ámbitos encierra
El espacio profundo.
X
Habla; toma el buril; pulsa la lira.
La inmensidad sondea.
La gran mirada con que Dios te mira
Tu libro eterno sea.
Notas y formas y colores bellos
La inmensidad te ofrece
Para que encarnes para siempre en ellos
El mundo azul que en tu alma resplandece.
XI
Saluda reverente el sol de día
Que soberbio y magnífico se eleva,
Rasgando el manto de la noche umbría;
Que en sus rayos ardientes
A donde quiera de la vida lleva
Las fecundas corrientes;
Que turba de los bosques el reposo
Con proféticos ruidos,
Haciendo de ternura y alborozo
En el follaje palpitar los nidos:
Que desde el alta cima,
A impulsos de su llamada misteriosa,
El universo anima,
Dando un ritmo inmortal a cada cosa.
XII
Acércate al santuario
De la cándida virgen soñadora;
Oirás el coloquio solitario
De su alma con la aurora.
Es que ensaya el idioma sin rumores
Que, absortas y arrobadas,
Con la pálida luna hablan las flores
En las noches calladas.
Y verás desprenderse de su seno
Lágrimas misteriosas
Que mueren en la mitad de su camino,
Sin alcanzar con su raudal sereno
A salpicar los lirios y las rosas
De su rostro divino.
Es que ha sentido las estrofas bellas
De agreste aroma de los vientos vagos;
De las estrofas de luz de las estrellas;
Las estrofas de espumas de los lagos.
Es que ha sentido para siempre rota
Una fibra escondida,
Es que ha sentido la primera nota
Del himno de la vida!
XIII
Sacude, pues, la inercia que te abate;
Sacude, pues tu abrumador desmayo.
Apréstate al combate.
Habla; toma el buril; fulmina el rayo.
Haz temblar de pavor al retroceso.
Haz temblar de pavor a la mentira.
Señala nuevos rumbos al progreso,
Que a lo infinito, que a lo eterno aspira.
XIV
También proscrito del feliz palacio,
Y azotada la frente
Por el furor de la tormenta recia,
Cruzó las soledades del espacio,
Llenando el orbe con su voz potente,
El poeta más grande de la Grecia.
El Dios Homero careció de un lecho
En donde hallar consoladora calma,
En donde hacer enmudecer el pecho,
En donde hacer enmudecer el alma.
El Dios Homero tuvo sed y frío
En su negra jornada de aquí abajo.
Y no halló ni una gota de rocío,
Ni un miserable andrajo.
XV
Habla; toma el buril; pulsa la lira.
Al alto pensamiento,
Al excelso ideal que Dios te inspira,
No falta ni una sola
De las cadencias múltiples del viento,
De las notas gigantes de la ola;
No falta ni uno solo de los rayos
Con que al viejo pontífice levítico
Entre asombros, y espantos y desmayos,
Hizo temblar el Verbo sinaítico.

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